Un anuncio que cambió mi vida…. Por completo

Escrito por: Jeniffer Samayoa, estudiante de la Universidad San Carlos de Guatemala.

Desde que entré a la universidad sabía que mi entorno cambiaría en todos los sentidos y me desafiaría. Mi timidez siempre fue una debilidad presente y era notoria conforme avanzaban los años de universidad. Con el tiempo descubrí que aprender idiomas se convirtió en una de mis pasiones y  fue ahí donde comencé a tener las primeras inmersiones culturales extranjeras. Sin embargo, mi timidez seguía estando presente, y aunque tenía tantas ideas acerca de tantas cosas, jamás las expresaba puesto que no sabía cómo hacerlo, o más bien tenía miedo de hacerlo.

Pasaron 3 años de universidad y veía cómo muchas personas que conocía eran participes de algo que las motivaba y las hacía crecer, desarrollarse profesional y personalmente más allá de una carrera universitaria.  Un día, estaba viviendo un crisis muy fuerte y era casi media noche cuando decidí ver las redes sociales, en eso apareció un anuncio que decía “Me voy a Panamá con AIESEC” Previamente había escuchado de esta organización, pero nunca les presté tanta importancia. Me inscribí y tres días después recibí un correo haciéndome saber que había superado el primer filtro y que debía esperar las siguientes instrucciones, mientras tanto solo pensaba “Si, eso es mentira” pero hubo una parte de mí que se ilusionó.

concurso de aiesec

 

Cuando llegó el día en el que publicaron nuestras fotos para conseguir todos los likes que pudiéramos del concurso, vi que era algo real. Inmediatamente noté que habían 65 personas participando y que los likes de los participantes aumentaban. Comencé por conseguirlos, luego pensé “Esto no es para mí” minutos más tarde volví a pensar “Esto será mío”. Siempre he sido una persona muy ambiciosa en conseguir lo que se propone y me propuse superar por escalones a cada persona que tuviera más likes. Cuando cerró el concurso, quedé en tercer lugar.

Faltaba la entrevista. Me llamaron, acordamos día y cuando llegó ese día, estaba muy nerviosa, antes de irme pensé “qué más da, es momento de retirarse, esto no es para mí”, sin embargo fui y cuando llegué pensé ¿Quién va a entrevistarme? ¿Qué debo decir? Salí de mi entrevista muy nerviosa pero tranquila a la vez.  Esos dos días de espera fueron eternos, el día del anuncio final, recuerdo que estaba en mi cuarto y me puse a llorar porque era algo que anhelaba tanto, pero que sabía que tenía un tercio de posibilidad de ganar, finalmente anunciaron y fui la persona ganadora, desde ahí, sin darme cuenta,  mi experiencia con AIESEC había comenzado, esa experiencia que un año y medio después me sigue abriendo puertas. Solía ser una persona con muchos sueños y ambiciones, pero con una visión reducida del mundo, tímida, de mente cerrada,  intolerante con las personas que pensaban o actuaban diferente a mí, pasé varios años en una rutina universitaria, enfocada en que terminar la universidad era la única meta en mi vida durante estos cinco años y que todo lo demás no era permitido porque podría retrasarme.

Cuando tomé mi intercambio, el primer sentido de responsabilidad fue cuando la señora donde estaba viviendo me entregó las llaves y dijo “Solo sean responsables”.

Ese fue el primer sentido de responsabilidad que tuve y dije “Esto ya comenzó”. Mi voluntariado consistió en enseñanza a niños y adolescentes panameños de una ONG a través de la cultura, el emprendimiento y el idioma inglés. La ONG estaba ubicada en un barrio en la ciudad de Panamá, el cual me hizo conocer una realidad no muy distinta a la de Guatemala y saber que cuando regresara, quería hacer algo por mi país, sobre todo por la niñez y los adolescentes. Caminar todos los días por el barrio con un chaleco que decía “voluntaria” fue muy gratificante porque las personas después nos saludaban muy cordialmente y su agradecimiento por lo que hacíamos por sus hijos era notorio. Los niños y jóvenes del barrio se encuentran expuestos a condiciones de vulnerabilidad y violencia, por lo cual la ONG representa una salida. La ONG donde estuve fue increíble con nosotros. El entonces director nos abrió puertas para que fuéramos participes en una de las lecturas y revisiones de los avances de los derechos de la niñez en la sede de la Oficina Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe, nos llevó a la casa presidencial y al Canal de Panamá.

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Las veces que tuve que llegar sola a mi ONG y movilizarme, moría de miedo. Sin embargo, poco a poco comencé a ser más segura de mi misma. Aprendí a movilizarme sola por toda la ciudad a todas horas, a ser más independiente, a explorar lugares sola y acompañada, a administrar mi dinero, a leer mapas, estaciones de tren, utilizar el transporte público, taxis, incluso a enfrentarme con la confusión de que pensaban que era panameña, lo cual debo admitir que en cuestión financiera fue una gran ventaja.

La experiencia no fue color de rosa, tuve situaciones que me retaron, pero que me hicieron crecer bastante como persona y como profesional. Aprendí a ser más consiente, a ser determinada en mis decisiones, a disfrutar cada día de una manera única. Salí totalmente de mi zona de confort; Estaba con otros 32 intercambiadas de Latinoamérica, una chica de Taiwán y una persona de Francia. A pesar de hablar un mismo idioma, el español, la mezcla de culturas fue algo tan enriquecedor que hasta la fecha todavía permanece en mí. Las costumbres, las palabras, las acciones, todo era distinto a pesar de estar en una misma región y los otros chicos provenientes de continentes diferentes también me enriquecieron culturalmente. En poco tiempo, formamos una familia y ahora no me preocupo si un día tengo que ir a cualquier parte del mundo, porque sé que tengo un hogar dónde puedan recibirme.

Aprendí a conocerme a mí misma en muchas áreas, descubrí habilidades y debilidades, y comencé a usarlas a mi favor. Mi visión del mundo se amplió y cada día me voy a dormir con la visión de haber avanzado un poco más en lo que quiero lograr. Comencé a tener un plan de vida más enriquecedor, a ser más ambiciosa de lo que ya era y a creer en mis capacidades, y a inmiscuirme más en otras culturas.

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Cuando regresé decidí ingresar a AIESEC para que más personas pudieran vivir esta experiencia que es de por vida. Quiero que más jóvenes vivan una experiencia similar a la que tuve, que se descubran a sí mismos, sobre todo que vean que el mundo es tan grande como para permanecer en un solo lugar.

Un año y nueve meses después, mi red de contactos internacionales se amplió, mi vida dio un giro que necesitaba y desde entonces no concibo estar en una zona de confort. Me encanta explorar, conocer, aprender, disfrutar de personas que piensan totalmente diferente a mí, a probar nuevas comidas, a conocer cuánto pueda. Dentro de la organización he adquirido habilidades de manejo de equipo y tiempo, de liderazgo, el funcionamiento de una organización, cuestiones relacionadas a movilización internacional, boletos, finanzas, etc. habilidades que no adquieres en un salón universitario, o al menos no en todos los casos. Es decir, empecé a conocer el mundo real.

Mi experiencia con AIESEC en el extranjero comenzó desde que cerré mis maletas antes de partir y terminó cuando apagué la luz de mi cuarto en Panamá por última vez.

 

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