Mi primer viaje fuera de Guatemala

Artículo escrito por: Sofía Herrera, estudiante de la Universidad San Carlos de Guatemala.

Al principio  estaba abrumada con la idea de ir a otro país, yo nunca había hecho un viaje sola, todo fue tan nuevo y emocionante, comprar un seguro, sacar mi pasaporte, tener los boletos de avión en mis manos, sentía que por fin estaba haciendo algo por mí misma y al mismo tiempo por los demás.

A todos les parecía loco y sinsentido ir a otro país a hacer un voluntariado, siempre con las mismas preguntas ¿Por qué no hacer voluntariado en tu país y viajar por puro turismo? A lo que yo respondía: ¿Por qué no?

Pocas cosas en la vida me había tomado tan en serio como mi intercambio, y se me notaba, todos lo notaban y se alegraban conmigo, al llegar al aeropuerto me di cuenta que no había vuelta atrás, estaba a punto de subir a un avión, ver el atardecer en mi país y llegar de madrugada a otro país en el que no conocía a nadie en persona.

Llegué y lo primero que me sorprendió fue el calor que había, era media noche y podías empezar a sudar de tanto calor, me llevaron a comer papas fritas con salsa de piña, no lo olvido porque nunca había visto esa combinación, luego llegué a mi fundación y al día siguiente conocí a mi encargado, mi proyecto era de marketing para una fundación que se dedicaba a hacer clown hospitalario (llevar sonrisas a los niños de los hospitales con personajes y juegos).

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Al inicio yo era la única voluntaria de otro país en la fundación y me tenían muy consentida, fueron muy amables conmigo y me di cuenta de la oportunidad inmensa que tenía de dar a conocer mi país, todos estaban muy interesados en saber qué comíamos, que lugares turísticos teníamos y lo más interesante: Mi acento, se la pasaban molestándome por mi habilidad para mezclar la segunda persona del singular, tu y vos.

Ayudé a grabar vídeos y dar ideas para la campaña de navidad que consistía en juntar regalos para llevar a niños de hospitales y orfanatos, asistí a eventos sociales para promocionarlo y manejé la fanpage de la fundación, todo esto fue un gran aporte a mi bagaje de conocimientos en el área que estudio y quiero desenvolverme en el futuro.

Después de unas semanas llegaron más voluntarias de Brasil con las que compartí habitación y muchas horas de risas, no tardamos en convertirnos en una familia y seguíamos compartiendo mucho de nuestras culturas, siempre prometiendo ir a visitar el país de los demás cuando tuviéramos la oportunidad y ofreciendo nuestras casas para cuando decidieran visitar el propio.

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En la ciudad habían más proyectos con personas de más países, puedo decir que conocí un poco de México, Brasil, Puerto Rico, Costa Rica, Ecuador, Gana, Polonia y obviamente Colombia por haber conocido a personas que fueron excelentes embajadores de sus países y dieron a conocer su cultura tan bien.

Pasar las fiestas de fin de año en otro país fue un reto, nunca lo había hecho antes y me preguntaban si no extrañaría a mi familia, pero creo que yo estaba con mi familia, es que se había agrandado por esos milagros que suceden cuando le abres tu corazón a las personas y decides incluirlas en tu vida. Lo disfruté, hicimos una cena con platillos típicos de cada país y nos conocimos un poco más.

Cuando era hora de regresar, tenía sentimientos encontrados, sabía que debía regresar a Guatemala a desbordar todas las ganas de hacer algo por mi país y por otro lado no quería dejar el hogar que me había acogido con tanta ternura y atención, llegué una hora antes de que el avión saliera.

Pensé que no pasaría nada pero en cuanto pasé a la sala de espera, se me salió la nostalgia por los ojos, sabía que eso podría ocurrir e iba preparada con mi cuaderno y un lapicero para escribir todo lo que sentía, creo que la mezcla de lágrimas y palabras fue un tanto liberador para que al estar en el cielo de Guatemala contemplando los volcanes que rebasan las nubes me sintiera más fuerte, un tanto incompleta porque dejé parte de mi vida en ese lugar.

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Y creo que eso es lo más normal, cuando pones tu corazón en algo dejas parte de tu vida en eso e increíblemente te llena de energía, entendí que es así como funcionan muchas cosas, ser voluntaria en otro país definitivamente me cambió la forma de ver muchas cosas, me instó a ser el cambio que quiero ver en mi país y a ser mucho más abierta a experimentar algo nuevo, a querer conocer de verdad cada cultura y no hacer viajes solo por turismo, sino viajes de inmersión cultural y qué mejor forma de hacerlo que ayudando a los demás y desarrollándote a ti mismo.

 

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