¿Estoy haciendo lo que me apasiona?

Un día despiertas y te das cuenta que quieres hacer más — no sabes qué, pero necesitas intentar algo nuevo.

Miras a tu alrededor y te preguntas, ¿Estoy haciendo lo que me apasiona?

Estoy haciendo

Antes de unirme a AIESEC, yo era aquella chica obsesionada con la rutina y perfección que ves estudiando en la biblioteca, aquella compañera fastidiosa que adelanta las tareas de la semana y siempre tiene la respuesta a todo. En el 2014 yo tenía un promedio excepcional y una relación amorosa perfecta, esas que exhiben en las películas y que uno cataloga como “imposible”. Cualquiera que me conociera podía afirmar que mi vida era de cuento de hadas.

Pero no era el cuento de hadas que yo quería.

Así que decidí entrar a AIESEC

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Una organización de la que solamente había escuchado que realizaba intercambios sociales, por intentar algo nuevo. Estaba en un momento de mi vida en la que necesitaba salir de mi zona de confort o me iba a ahogar en tanta monotonía. Claro, tenía miedo de no encajar (y para una persona que padece TAG esto es más que un pequeño nudo en la garganta—es más como un sentimiento de que se acaba la vida), pero me llevé una gran sorpresa.

Todos eran muy amables y sociales, me hablaban como si me conocieran de toda la vida, aunque jamás habíamos cruzado caminos. Reían y bailaban sincronizados a canciones que para mí eran nuevas; algunos tenían acentos extraños y gritaban cosas que no entendía. Poco a poco, me fui adentrando a la organización, conectándome con su propósito y reescribiendo el cuento de hadas que mis padres querían para mí.

En unos meses, yo era de esas personas que reían, bailaban “Go Girls” de memoria, y hablaban en jerga AIESECa. Más que nada, encontré mi propósito dentro y fuera de la organización; descubrí lo que me apasionaba y me motivaba a seguir adelante. En tan poco tiempo, me di cuenta que AIESEC te da tanto como tú quieras tomar.

He aprendido demasiadas cosas dentro de estos dos años que llevo en AIESEC, trabajando junto a un gran equipo y creciendo tanto en lo personal como en lo profesional. He liderado a personas que han impactado mi vida con su forma de ser, organizado eventos que me han retado más que los cursos en la universidad y he logrado conectar con miles de jóvenes que me han transmitido mucha pasión por lo que hago y confianza en mis acciones.

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Podrán mis padres no estar de acuerdo con que invierta mi tiempo sin remuneración tangible; pero soy una persona completamente diferente gracias a la experiencia y las varias competencias laborales que AIESEC me ha dado la oportunidad de desarrollar. Ya no soy aquella chica perfecta que día a día se levantaba con la misma pregunta: ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿Es esto suficiente para mí?

Hoy, soy una chica que está decidida a ser su mejor versión para ayudar a mejorar su país, a luchar por el cambio que necesita el mundo y para transmitir ese sentido de urgencia que todos los jóvenes en el mundo necesitan. Ahora me levanto preguntándome: ¿Hoy que haré de nuevo para contribuir al mundo?

Porque yo no estoy de acuerdo con la corrupción, la pobreza, la desnutrición, el analfabetismo, el desempleo, y la indiferencia, es que trabajo día a día para contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El cambio está en nuestras manos y el futuro del mundo depende de nosotros.

Ahora pregúntate, ¿Qué harás hoy por Guatemala?

Únete y transforma tu vida con AIESEC: http://aiesec.org.gt/ser-miembro

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Elías says:

¡Enhorabuena! Me gustó mucho leer esta experiencia, creo que muchos de nosotros necesitamos salir del camino al que todos van para encontrar nuestro propósito real.